#35: La barrera de lo desconocido

El neutrófilo Francisco de Asís Tamina intenta atravesar la barrera Hematoencefálica

Hoy Francisco de Asís Tamina, neutrófilo por vocación, recuerda como durante su peregrinar por la sangre se encontró un obstáculo infranqueable: La Barrera Hematoencefálica. Un nombre largo y complicado, pero sin la cual probablemente nuestro cerebro jamás podría tener un día tranquilo. Lo qué hay más allá de esta barrera es un misterio y ninguna célula del sistema inmunitario ni de la sangre lo sabe.

Donde los Linfocitos no Llegan

Todo el cuerpo está ocupado por el Sistema Inmunológico. ¿Todo? ¡No! Hay varios tejidos que permanecen fuera del alcance de las células normales del sistema inmunitario. ¿Y eso qué demonios significa? ¿No les hace falta defenderse? ¿Son invencibles? No exactamente.

Por un lado tenemos los tejidos denominados inmunoprovilegiados. Son tejidos muy exclusivos y cerrados, protegidos a cal y canto. En condiciones normales no hay células el sistema inmunitario, y además éstas tienen vetada la entrada. Algunos ejemplos de esto son los testículos, la placenta y los ojos.

Cuando hay una inflamación en un órgano o en un tejido, células como los granulocitos (como Francisco de Asís Tamina) pueden provocar daños. En su frenesí por eliminar a los invasores suelen dañar a las células sanas de la zona, y eso en el caso de los ojos puede conducir a la ceguera. O a la esterilidad en el caso de los testículos. Son tejidos muy delicados y complejos, o que contienen células muy importantes, donde un daño puede resultar fatal para el individuo o su descendencia.

Pero en la tira de hoy hablamos de la barrera hematoencefálica y del cerebro. El cerebro, por supuesto, también es un órgano extremadamente delicado, y sin embargo no es exactamente inmunoprivilegiado. Cualquier daño producido por el sistema inmunitario puede ser desastroso. A pesar de esto, es algo diferente de los tejidos anteriores.

La Barrera Hematoencefálica

El caso del cerebro (en realidad tod el sistema nervioso central) es algo más complicado. Efectivamente, las células del sistema inmunitario normal no pueden entrar. Sin embargo el cerebro cuenta con sus propias defensas. ¿Cómo?

Por un lado, ahí no se deja entrar a ninguna célula que no pertenezca al lugar. Como cualquier otro tejido el cerebro necesita una cantidad enorme de nutrientes, hidratación, hormonas, etc., que le llegan a través de los vasos sanguíneos.

Sin embargo a la hora de defender la zona, no ocurre como en otros tejidos, como la piel o los pulmones. Allí las células de los vasos sanguíneos dejan pasar a las células del sistema inmunitario para que patrullen la zona. En el cerebro, sin embargo, las células de los vasos sanguíneos no dejan pasar a NADIE. EL guardia de seguridad que hemos dibujado lo escenifica bien. Sólo dejan pasar a nutrientes, gases como el oxígeno y otros, y ciertas señales, por ejemplo algunas hormonas.

Pero entonces, ¿quién defiende al sistema nervioso?

barrera hematoencefálica y microglía

La barrera Hematoencefálica no deja pasar a las infecciones, pero tampoco a ninguna célula del sistema inmunitario. El cerebro es defendido por sus propios soldados, la microglía.

Las Tropas Especiales del Cerebro

Por un lado, la barrera hematoencefálica es tan eficiente que practicamente ningún tipo de célula (amiga o enemiga) o virus puede atravesarla. Esta barrera ya convierte el sistema nervioso central en una zona limpia de amenazas. Aún así, si algún patógeno consigue atravesar la barrera, también tiene los días contados.

El cerebro cuenta con sus particulares tropas, especiales, características y todavía hoy relativamente desconocidas. Se trata de la microglía, unas células que llegan allí durante el desarrollo embrionario y se quedan allí por el resto de nuestros días. La microglía que hay en el cerebro no llega de otros lugares, como la médula ósea. En realidad se trata de macrófagos un poco especiales, aunque tienen muchas más funciones que la de eliminar a los enemigos.

La microglía también colabora mejorando las conexiones de las neuronas y eliminando células muertas y otros elementos que potencialmente pueden dañar a las neuronas. Esto es fundamental. De hecho se ha asociado un mal funcionamiento de la microglía con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Así que ya lo sabéis. ¡El cerebro cuenta con su ejército privado!

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