#29: Trabajo o Muerte

El monocito Inés Pecific busca trabajo desesperadamente

Abandonamos la piel y a nuestro querido NK Julián Tivirus, que tiene trabajo registrando células para rato, para sumergirnos en el torrente sanguíneo de mano de Inés Pecífic,  un monocito que se las prometía muy felices pero que ha topado de bruces con la realidad; o encuentra trabajo o la cosa se va a poner bastante fea.

Cuando el trabajo te da la vida:

En el caso de muchas células del sistema inmunitario, esta frase es literal. Los monocitos se van formando de manera constante en la médula ósea, salen de ella muy voluntariosos y viajan por la sangre por todo el cuerpo a la espera de que se les necesite en algún tejido.

Ahora bien, como está comprobando Inés Pecífic, no siempre hay demanda de monocitos, así que no les queda más remedio que seguir circulando por la sangre hasta dar con un tejido necesitado de ellos. El problema es que se siguen produciendo monocitos de manera constante en la médula ósea; ¿qué hacemos con los que ya están circulando por la sangre?

El sistema inmunitario no se complica la vida con estas nimiedades. Si los monocitos no son llamados de algún tejido, en sangre no duran más de 24-48 horas. Los nuevos que van saliendo de la médula simplemente los reemplazan. Se matan así dos pájaros de un tiro: Eliminamos el superávit de células y evitamos tener monocitos envejeciendo por la sangre; esto es importante para garantizar que los monocitos que entren en los tejidos sean células en perfecto estado.

Lo mismo pasa con los eritrocitos, o glóbulos rojos, aunque de manera menos drástica. Los eritrocitos pueden durar alrededor de 100 días. El de hoy se encuentra en el anochecer de su vida, el pobre (aunque esto no le impide recibir una manidísima pulla sobre su ausencia de núcleo).

Nueva Legislación Laboral sobre los Monocitos:

Las cosas no siempre han sido así de difíciles para los monocitos. Al menos eso es lo que se creía hasta hace poco. Durante muchos años se ha considerado que los macrófagos de los tejidos, como por ejemplo los pulmones, la piel, etc. provenían todos  de los monocitos. Estos iban saliendo de la médula ósea, entraban en los tejidos, y se arremangaban para trabajar allí como macrófagos. Eran tiempos dorados para los monocitos, había trabajo para todos.

Sin embargo a principios del 2015 empezaron a aparecer estudios que demostraban que esto no es en realidad así. Al parecer los macrófagos se encuentran en los tejidos ya desde la gestación, y no se mueven de ahí, no provienen de los monocitos de la médula ósea. Solamente en situaciones excepcionales (que veremos en el próximo capítulo), se recurre a los monocitos de la sangre para colaborar con los macrófagos locales. Así que ahora, si eres monocito, cuesta mucho más esfuerzo encontrar trabajo como macrófago.

Origen de los macrófagos

Durante los últimos años, lo que se sabe sobre el origen de los macrófagos ha cambiado bastante, y todavía es campo de mucha discusión y controversia.

¿Encontrará curro Inés Pecífic? ¡Esperemos que sí, o habremos dibujado un personaje muy trágico!

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